Este atentado no es la acción aislada de un perturbado. No es un atentado ‘contrario al Islam’ cometido por una asociación criminal: todo el mundo pudo escuchar como los autores del ataque gritaban que habían vengado al profeta Mahoma. No fue un ataque espontáneo. Fue pensado para causar el mayor daño posible durante la reunión editorial, usando armas automáticas y un plan para escapar. Fue diseñada para sembrar el terror, y lo consiguió.

Occidente está en estado de shock, pero no puede estar sorprendido. Si se puede sacar una lección de este suceso espantoso, es que poco importa lo que creamos del Islam. Este tipo de violencia, la yihad, es en lo que creen los islamistas.

El terror no es el medio, es su propósito

El Corán contiene innumerables llamadas a la yihad violenta. Pero no sólo el Corán. En el Islam, con demasiada frecuencia, la yihad es un concepto muy moderno. Para muchos movimientos islamistas, la Biblia de la yihad del siglo XX es un libro de la década de 1970 del general paquistaní S.K. Malik: El concepto coránico de guerra. En él dice que las prescripciones del Corán sobre la guerra tienen más peso que las leyes de los simples mortales, por que fue Dios, Alá, el que autorizó cada palabra del Corán.

En el análisis de Malik sobre la estrategia del Corán, el alma humana -no cualquier campo de batalla material- está en el corazón del combate. La clave de la victoria -como enseña Alá a través de las campañas del Profeta Mahoma- es tocar al enemigo en su alma. Y la mejor manera de llegar al alma del enemigo es el terror. El terror, escribe Malik, es “el punto de convergencia entre el fin y los medios. “El terror” -añade- “no es la manera de obligar al enemigo a hacer algo, es en sí mismo lo que queremos imponer.”

Los responsables de la masacre de París, como el hombre que mató al cineasta holandés Theo van Gogh [02 de noviembre 2004], quieren imponer el terror. Y cada vez que hacemos concesiones hacia su concepción de una violencia religiosa legítima, les damos exactamente lo que quieren.

En el Islam, representar al profeta Mahoma e insultarle de cualquier manera es un pecado muy grave. Los musulmanes son libres de creerlo, pero ¿por qué debe imponerse una prohibición sobre los no creyentes? En los Estados Unidos, los mormones nunca han tratado de imponer la pena de muerte a los que escribieron y produjeron The Book of Mormon [El Libro de Mormón], un espectáculo satírico de Broadway.

La reacción criminal no es nada nuevo

El Islam, con 1.400 años de historia y 1,6 mil millones de seguidores, debe ser capaz de soportar un par de dibujos animados en un semanario satírico francés. Sin embargo, la reacción criminal a las caricaturas Mahoma no tuvo, en esta era de yihad, absolutamente nada nuevo. Por otra parte, no se pueden poner todos los pecados al mismo nivel, a pesar de lo que diga el Corán.

Occidente debería presionar a los musulmanes, particularmente a la diáspora musulmana, a responder a la siguiente pregunta: ¿qué es más insultante para un creyente -el asesinato, la tortura, la esclavitud y los actos de guerra y terrorismo cometidos en nombre de Mahoma, o dibujos, películas y libros que tratan de ridiculizar a los extremistas y su visión de lo que representa Mahoma?

La respuesta del difunto general Malik es que nuestra alma occidental es el producto de nuestra creencia en la libertad de conciencia y la libertad de expresión. La libertad de decir lo que nos preocupa, la libertad de culto para lo que queremos o, especialmente, para lo que no queremos venerar. Estas libertades constituyen el alma de nuestra sociedad. Y es precisamente esta alma la que los islamistas atacaron. Una vez más.

La forma en que reaccionemos ante este ataque es muy importante. Si suponemos que se trata de un puñado de villanos hambrientos de sangre, sin establecer ninguna conexión con lo que proclaman por sí mismos a grito pelado, no les estamos dando una respuesta. Debemos reconocer que los islamistas de hoy en día están impulsados por una ideología política, que sacan de los textos fundamentales del Islam. Ya no podemos pretender que es posible distinguir entre los actos y los ideales que inspiran esos actos.

Nos dicen que el Islam es una religión de paz

Este sería un nuevo reto para Occidente, que demasiado a menudo respondió a la violencia yihadista con concesiones. Hacemos concesiones a los líderes de gobiernos musulmanes que nos presionan para censurar nuestra prensa, nuestras universidades, nuestros libros de historia y los programas escolares. Apelan a nosotros y respondemos a sus demandas. Satisfacemos también a los líderes de las organizaciones musulmanas en nuestra sociedad. Nos piden no establecer vínculos entre la violencia y el Islam, porque nos dicen que su religión es una religión de paz, y nosotros lo aceptamos. ¿Y qué obtenemos a cambio? Kalashnikovs en el corazón de París.

Cuánto más respondamos a sus demandas, más nos autocensuraremos. Cuánto más adoptemos un enfoque conciliador, más insolente será el enemigo. Sólo hay una posible respuesta a este repugnante ataque yihadista contra el equipo editorial de Charlie Hebdo. Los medios de comunicación occidentales y los líderes occidentales, ya sean religiosos o seculares, tienen la obligación de defender los derechos fundamentales de la libertad de expresión, bajo una forma satírica o no. Occidente no debe hacer concesiones, no debe ser forzado al silencio. Debemos enviar un mensaje unánime a los terroristas: su violencia no puede destruir nuestra alma.

 

Ayaan Hirsi Ali

 

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