El autor se pregunta que valor tiene cualquier estimación electoral, como el último barómetro del CIS, con un nivel de no respuesta próximo al 50% y avanza una hipótesis: el cabreo nacional responde menos a una situación personal deplorable que al convencimiento, mucho más ideológico que real, de que las cosas están muy mal, no por «mi culpa», sino por culpa «de otros».

leguina

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