“Para mi la protección del Planeta Tierra, la supervivencia de todas las especies y la sostenibilidad de nuestros ecosistemas es mas que una misión. Es mi religión y mi dharma” ( Palabras del presidente del IPCC, Rajendra Pachauri, en su carta de dimisión)

Con este arrebato de sinceridad -no se trata de ciencia si no de fe- presentaba su dimisión esta semana el jefe supremo del panel sobre el calentamiento global de la ONU y premio Nobel de la Paz, Rajendra Pachauri. Y lo hacía porqué a sus 74 años sufrió otro calentón que lo llevó a acosar sexualmente a una investigadora de 29 años de edad. Antes parece que hubo otros. Pero la prensa socialdemócrata no ha prestado mucha atención al caso, ya que no se trata de Bush o Rajoy.  Como tampoco está prestando mucha antención a la ‘caza de brujas’ que ha desatado Obama contra científicos críticos o escépticos con la teoría del calentamiento global.

El 20 de febrero, la Casa Blanca envió este correo electrónico anunciando una ofensiva contra los científicos que disentían de la agenda del calentamiento global del presidente demócrata.

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El nuevo McCarthy es el jefe de la Comisión de Recursos Naturales de la Cámara de Representantes, el demócrata Raúl Grijalva, que ha escrito una carta a siete universidades para indagar sobre siete investigadores críticos con el cambio climático.

La caza de brujas de Grijalva presupone que todo lo que cuestiona la ortodoxia del calentamiento global debe ser perseguido en nombre de la justicia y la supervivencia del planeta.

Uno de los perseguidos, sorprendentemente, es Roger Pielke de la Universidad de Colorado. Pielke, como explica Politico, parece un objetivo bien extraño. ‘No es que [Pielke]dude del cambio climático. No es que dude que puede ser perjudicial. No es que dude que es el resultado de las emisiones de carbono. No es que se oponga a llevar a cabo políticas agresivas, en concreto un impuesto sobre el carbono, para intentar combatirlo. El pecado de Pielke simplemente ha sido señalar que los datos sobre fenómenos meteorológicos extremos muestran que estos aún no han sido afectados por el cambio climático y esto ha sido suficiente para enfurecer a los partidarios del mismo que necesitan desastres inmediatos como herramienta política. No puede ser un apocalipsis de aquí cien años, el apocalipsis debe ser ahora. Pielke observa que los huracanes, las inundaciones y los tornados no han aumentado en frecuencia o en intensidad desde mediados del siglo veinte.’

Pielke ha denunciado públicamente la caza de brujas a la que está siendo sometido.

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