Según se sostiene, esa deflación es mala, porque dificulta aún más a los deudores –en particular los de las economías con problemas de la periferia de la zona del euro (España, Grecia, Irlanda, Italia y Portugal)– el pago de lo que deben.

Pero ese temor es infundado, porque se basa en un malentendido. Lo que importa para la capacidad de servicio de la deuda son los ingresos de los deudores, no el nivel general de los precios.

Al bajar los precios del petróleo, los ingresos reales (ajustados a la inflación) de los hogares deben aumentar, porque no han de gastar tanto en combustible y calefacción. Unos precios inferiores del petróleo facilitan la vida, no la complican, para los hogares muy endeudados en los EE.UU. y la periferia de la zona del euro. Así, pues, se debe considerar que unos menores precios al consumo son una buena señal.

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