El único que ha ganado de verdad las elecciones en Andalucía ha sido Ciudadanos, un experimento de creación de un partido transversal social-liberal inédito en España y parte del extranjero. Se dirá que Podemos ha sacado más escaños que C,s (15 frente a 9) partiendo también de la nada, pero si bien ello es cierto en cuanto a siglas no lo es en cuanto a ideología. El comunismo de Julio Anguita, con su Convocatoria por Andalucía, ya obtuvo en 1994 los 20 escaños y casi el mismo porcentaje de votos que ahora han obtenido sumados Podemos e IU. Podemos, pues, no es tanto un fenómeno nuevo como una recomposición de la vieja izquierda no socialdemócrata, con un techo electoral que no resulta fácil de romper. Así, aún que Podemos parece el gran ganador, en realidad no lo es tanto. Esta es la primera paradoja de las elecciones andaluzas del domingo.

La segunda paradoja es que el PSOE-A ha ganado perdiendo. Los socialistas andaluces han obtenido los peores resultados de su historia en número de votos, se han quedado con el mismo número de diputados que ya tenían y con mayores dificultades para encontrar socios de gobierno, sobre todo después de que Rivera dejase claro que no entrará en un gobierno de coalición. Sin embargo, estas elecciones han servido para que la señora Susana Díaz haya obtenido su fe de bautismo electoral en olor de multitudes y pueda consolidar su figura política dentro y fuera de Andalucía, así como para evidenciar que a una parte importante del electorado andaluz le importa un bledo la corrupción -de la que probablemente obtiene o espera obtener algún beneficio- siempre, of course, que sea la corrupción del bandolero y no la del señorito. Y es que también en la corrupción todavía hay clases.

Así, el PSOE-A ha podido sacar provecho a sus 33 años de corrupción e incompetencia evitando su desplome electoral y endosándolo al PP andaluz, que seguramente pasará al libro gordo de los récords como la primera oposición que se hunde por los pecados políticos del gobierno al que debía controlar. Y esta es la tercera paradoja: el PP es el gran castigado sin haber gobernado jamás Andalucía.  Una parte de sus electores habrían optado por el voto útil a Susana Díaz para frenar a Podemos, pero otra parte -y no la menor- le ha pasado factura por la corrupción y el incumplimiento del programa electoral general y ha votado a Ciudadanos. Tanto es así que sin la existencia de Ciudadanos, el PP andaluz probablemente habría vuelto a ganar, aunque a la baja, las elecciones andaluzas.

Para el centro-derecha español parece haber sonado también la hora de la recomposición.

Josep M. Fàbregas

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