Llevo más de dos semanas sin escribir y no es por falta de temas, sino por su exceso.

Decía Erasmo que la Locura, hija de dioses y compañera de la Adulación, el Amor Propio, la Demencia, la Pereza, la Molicie, el Olvido, la Voluptuosidad, el Narcisismo, la Irreflexión, la Intemperancia y el Sueño profundo, opinaba de sí misma que el mundo no podría existir sin ella porque “¿No está lleno de locura todo lo que se hace entre los mortales? ¿No lo hacen locos y para locos? Si consideramos los males que el hombre sufre por causa del hombre: pobreza, cárcel, tortura, deshonra, vergüenza, traición injurias, litigios, fraudes y la mayor de las crueldades, la guerra ¿cómo es posible que ningún mortal tenga deseos de abandonar la vida?”

Y razón no le faltaba, porque en efecto estamos todos locos y no, únicamente, con este gramo de locura simpática que es sólo un cierto extravío del juicio, sino la que fomenta la furia, la saña, la violencia.

Y ejemplos de ambas formas de locura las tenemos a diario, basta con hojear un periódico para llevarnos las manos a la cabeza ante tales estropicios, cambalaches, compadreos, corruptelas (las de alta gama y las de nivel rastrero), anomalías, desprecio de los derechos humanos y de las leyes, asesinatos, etc., etc., etc.

Un autor joven, lamento no recordar ni su nombre, ni el premio que le han concedido recientemente, afirma que “el mundo en que vive no le interesa”. No me parece una frase afortunada en un hombre joven ¿qué quiere decir exactamente con ese “no me interesa”, que no le gusta, que le da asco, que va a retirarse a practicar el anacoretismo, que pasa de el?… Es el mundo el que pasa de nosotros, al que no le interesamos en absoluto; a nosotros ¡pobres locos mortales! no nos queda más remedio que prestarle atención si queremos continuar disfrutando de los limitados buenos momentos que podamos robarle y defendernos de lo mucho desagradable que derrocha a manos llenas. El desinterés por la mundanidad se la pueden permitir, acaso, los frailes trapenses, algunos faquires y poco más. Al resto no nos queda sino apechugar con lo que nos echen. Y lo que nos echan hay ocasiones en las que…

Hay un libro tremendo “Matar a un periodista” (título original Murder without Borders. Dying for the Story in the World’s Most Dangerous  Places) escrito por un periodista canadiense, Terry Gould, que se ha dedicado a investigar los asesinatos de  seis colegas suyos: Guillermo Bravo Vega en Colombia; Marlene García Esperat en Filipinas; Manik Chandra Saha en Bangladesh; Anna Politkovkaya, Valery Ivanov y Alexei Sidorov en Rusia y Khalid W. Hassan en Irak y lo hace, no tanto por averiguar por qué los eliminaron (que también lo explica con todo detalle, de hecho, con tanto detalle que te dan ganas de vomitar al comprobar, una vez más, de lo que es capaz el ser humano con tal de mantener sus prebendas), sino por qué sabiendo todos ellos que se estaban jugando la vida siguieron con sus investigaciones. No murieron víctimas del fuego cruzado en el frente, o por una bomba mientras llevaban a cabo su labor informativa, no han sido héroes que han llenado las páginas de los rotativos mundiales. Excepto Anna Politkovkaya, que lleno las portadas de los periódicos de todo el mundo, los demás han sido héroes anónimos que intentaron informar de la corrupción, delincuencia y abusos de políticos, mafiosos y poderosos; de las ilegalidades legalizadas por una serie de individuos para quienes la palabra Ley, y no digamos Justicia, no figuran en su diccionario.

Es un alegato estremecedor que lleva a cuestionarse por qué no nos suicidamos todos cuando ya no queda ni la mínima esperanza de que la ley nos proteja.

Se ha dejado mucho en el tintero, porque ahora, además, los periodistas están en el ojo de mira de fanáticos religiosos, locos furiosos que se han dejado comer el coco con la apología del martirio por la causa, aunque, permítaseme el inciso, cuando no hay nada que perder y te prometen que harás historia y que si palmas en el intento de cargarte a los enemigos de tu fe, allá en el paraíso te esperan cien mil delicias, pues eso…

Y puestos a hablar de la Locura que es como empezaba el artículo ¿Qué significado tiene que Garzón diga que “está vivo con el permiso de alguien o de algunos”; es un ataque de victimismo, o algo más tenebroso? Y si no es locura, y perniciosa, la avidez trincativa del ciudadano Rato ¿Qué es? ¿Y la moda del sadomaso; a quién en su sano juicio le puede gustar que le zurren, maniaten y lo que se tercie o ser el zurrador, maniatador y lo que venga al caso? Y para terminar un sucedido que tiene miga. Se ha concedido el premio “Catalán del año” a una moja que se dedica a alimentar y ayudar a los necesitados, Sor Lucia Caram, Dominicana Contemplativa, a la que describen como una monja inquieta e inquietante que intenta hacer felices a los demás. El acto de entrega del premio se celebró en el Teatro Nacional de Cataluña con un catering de lujo. Y digo yo ¿El dinero gastado en agasajar a los asistentes, ninguno de los cuales necesita de ayuda alimenticia, no hubiera estado mejor empleado dándoselo a sor Lucia y liquidar el evento con un cava? ¿O, ya puestos, si a nadie se le había ocurrido tal posibilidad, cargar todas las bandejas de comida y distribuirlas en los comedores sociales?

Hay que añadir a la lista de los periodistas asesinados el de la periodista filipina, Mei Masino y el de Abel Manuel Bautista Raymundo en Oaxaca (México)

Evidentemente tenía razón Erasmo cuando hablaba de las “ventajas” de la Locura sobre la Razón; señalaba cuán felices son los hombres cuando viven arropados por la necedad. Y muchas veces, abundo.

Nuria Valldaura Micó

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