En un artículo anterior sobre el asesinato del fiscal Alberto Nisman hacía votos para su pronto esclarecimiento. Hoy todo indica que quedará impune. Nisman quería denunciar ante el Congreso argentino el involucramiento de la corrupta cúpula kirchnerista en la triangulación Caracas–Teherán–Buenos Aires, lo que seguro hubiera llevado al procesamiento y probable encarcelamiento de la propia Presidenta.

En su presentación, producto de una exhaustiva investigación, demostraría, por ejemplo la cooperación argentina en materia de tecnología nuclear, en especial en el tratamiento del uranio. Argentina e Irán cuentan con reactores nucleares similares de agua pesada, como en el caso de los reactores de Arak en Irán, y Atucha en la Argentina. Sistema anticuado, caro y complejo, pero que facilita la obtención de plutonio a partir del uranio natural, permitiéndole a Irán la construcción de una bomba atómica –su meta indiscutible– para transformarse en potencia mundial. Además, Nisman probaría que Argentina estaba dispuesta a borrar de la lista de terroristas acusados en el atentado a la asociación israelita Amia, de Buenos Aires, a importantes altos funcionarios iraníes que aparecían en la nómina de buscados por la Interpol. Presentaría, además, documentos que demostraban que el flujo de dinero sucio iraní facilitó el triunfo electoral de la mandataria en el año 2007, y que la famosa valija de Antonini Wilson, descubierta por casualidad con 85 mil dólares, provenía de Irán vía Caracas.

La vinculación Argentina–Irán–Venezuela se puso más en evidencia con el asesinato de Nisman, adquiriendo relieve internacional por un informe de seguridad publicado por el International Assessment and Strategic Center, en Washington D.C., que apunta directamente a la responsabilidad de Cristina Kirchner en el caso. El informe concluye: “Tuviera o no el gobierno de Cristina Kirchner intervención directa en el asesinato de Nisman, creó deliberada y sistemáticamente el ambiente en el que el homicidio se llevó adelante con toda impunidad”.

Para estos negocios de la triangulación se utilizaban los vuelos semanales que hacían la ruta Caracas–Damasco–Teherán, que de ida, no solo se utilizaba para transportar documentación sensible, altos funcionarios venezolanos, iraníes y argentinos, sino que cargaban también cocaína, que era desembarcada en Damasco. De regreso este puente aéreo, llamado por la oposición venezolana como “aeroterror”, traía dinero en efectivo y terroristas buscados internacionalmente a los que el entonces ministro del Interior venezolano, Tareck El Aissami, hoy gobernador del estado de Aragua, les conseguía pasaportes venezolanos para que pudieran infiltrarse mejor en países sudamericanos. El Aissami es la figura clave de la infiltración iraní en el continente.

No sabemos con certeza si en el informe de Nisman se mencionaban los escándalos actuales develados por altos exfuncionarios venezolanos, también por la revista brasileña Veja y por la diputada argentina Patricia Bullrich. De acuerdo a estas fuentes, el siniestro círculo de personajes que rodea a la presidenta Kirchner supo enriquecerse con dineros sucios provenientes de la triangulación Irán–Venezuela–Argentina, como es el caso de la actual embajadora argentina ante la OEA, Nilda Garré, que antes fuera embajadora en Venezuela, a pedido expreso de Hugo Chávez. Garré está demandada por compartir diferentes cuentas bancarias de dinero no declarado. Las cuentas, que fueran abiertas durante su estadía en Venezuela, están compartidas con el propio hijo de la Presidenta argentina y registran montos de 62 millones de dólares, de 20 millones de dólares y otras abultadas sumas depositadas en el Felton Bank de Delaware, EU; en el Banco Tejarat en Teherán y en las Islas Caimán. Es probable que Nisman aludiera a este escándalo en su presentación, porque había seguido la huella iraní, y es probable que contara con información al respecto, tanto de la CIA, como del Mossad, como del Muharabat, la Inteligencia saudita.

El 18 de febrero de este año el pueblo argentino, solidario con el valiente fiscal Nisman, lamentando su asesinato y acompañado por un puñado de fiscales honestos, intelectuales, empresarios, cerró filas en una masiva manifestación, bajo una lluvia torrencial, rindiéndole el debido homenaje que el gobierno de turno no quiso darle. Fue una emocionante marcha en silencio, en la que esporádicamente se oían gritos que exclamaban: “Justicia, justicia” y en alguna pancarta se podía leer “Llora por mí, Argentina”.

José A. Friedl Zapata

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