Echando la vista atrás, un veterano de los movimientos de protesta de 1968 reflexionó sobre lo que encontraba problemático en la rebelión de su generación. “Toda la gente joven se rebela”, dijo. “Lo raro es que la generación de nuestros padres se rindiera”. Es un sentimiento que podría aplicarse fácilmente a la Gran Bretaña de hoy, por no decir a todo Occidente.

Lo sorprendente no es que haya gente que haga cosas malas. Sino que las instituciones y autoridades les dejen salirse con la suya.

Fijémonos en el escándalo de los abusos a menores en Rotherham. Es sólo uno de los numerosos casos en todo el Reino Unido donde grupos de hombres –que los medios identifican como “asiáticos” pero que son casi todos musulmanes de origen pakistaní– han puesto la mira en chicas blancas no musulmanas, a menudo de casas de acogida, y las han sometido a múltiples violaciones. Es desolador presumir que siempre habrá quien desee hacer presa en los más jóvenes y vulnerables. Pero la pregunta que se cierne sobre el caso Rotherham –y que ni el último informe independiente ha podido responder por completo– es por qué tanta gente se ha salido con la suya durante tanto tiempo. Sin duda, parte de la explicación es, como consta en el referido informe, que la Policía tenía miedo de ser acusada de racismo. Pero incluso esto parece una explicación parcial. ¿Cómo pueden hombres y mujeres adultos estar tan atemorizados por lo que les puedan llamar (en este caso, de manera injusta) como para permitir que se viole –incluso en grupo– a cientos de jóvenes?

Algo parecido puede decirse a propósito del destronado alcalde de Lutfur Rahman, Tower Hamlets. Lo ocurrido en este municipio del este de Londres ha sido un verdadero escándalo durante años. Lutfur Rahman fue elegido concejal laborista en 2008. Pronto se hizo con el liderazgo del ayuntamiento con la ayuda de los extremistas musulmanes del Foro Islámico de Europa (FIE), que pretende imponer la sharia en Gran Bretaña. Una vez en el poder, canalizó millones de libras a grupos afines, organizaciones pantalla del FIE incluidas. No tardaron en echarlo del Partido Laborista, pero siguió adelante y manejando la política de Tower Hamlets como independiente. A pesar de que los musulmanes son una minoría (34%) en Tower Hamlets, el alcalde Rahman se rodeó únicamente de musulmanes de Bangladesh. Durante su mandato, el alcalde Rahman jamás nombró a un no musulmán para su Gabinete. Se dieron casos de falsedad en revisión de procesos electorales y afiliaciones partidarias, de votantes registrados en propiedades vacías o de pisos diminutos con numerosos votantes censados.

Además, parece que nada era lo bastante rastrero para emplearlo contra la oposición. Cuando a Rahman le salió un competidor laborista que también era musulmán, distribuyó miles de boletines donde tachaba a su rival de maltratador y enemigo del islam. Los opositores –especialmente los gais– eran con frecuencia maltratados en el ayuntamiento por partidarios del alcalde.

El alcalde Rahman llevaba una vida de gran confort. Se desplazaba en un coche con chófer costeado por los contribuyentes, y trataba de blindarse ante la crítica. Financió a los medios locales bengalíes, que en correspondencia informaron de sus asuntos sin asomo de crítica, y se negaba a responder a nadie potencialmente hostil. Aunque se valía de cualquier recurso para arremeter contra sus oponentes políticos, se denunciaba que cuestionarlo atentaría contra sus derechos humanos. Se desviaron enormes sumas municipales a organizaciones que sólo se encargaban de atender a la comunidad musulmana local, de donde el alcalde obtenía sus apoyos. Quizá como era de esperar, un número considerable de los grupos que se beneficiaron de su generosidad estaban relacionados con el alcalde.

No fue hasta que un reportero de la BBC, John Ware, hizo un programa de media hora sobre las irregularidades financieras en Tower Hamlets que el secretario de Estado para las Comunidades y el Gobierno Local, Eric Pickles, mandó a los auditores a que examinaran los libros de cuentas. Como todos los intentos de investigar la corrupción en Tower Hamlets, esta iniciativa fue descalificada por los partidarios de Rahman en términos harto familiares. Cuando los investigadores fueron al ayuntamiento a por los libros, el sindicato Unison organizó un piquete con una pancarta que decía: “Eric Pickles, saca las manos de Tower Hamlets. No al racismo y a la islamofobia”. Un pequeño pero importante grupo de seguidores se mantuvieron firmes hasta el final, entre ellos el exdiputado George Galloway y el exalcalde de Londres Ken Livingstone.

Después de 10 meses de audiencias ante la Real Corte de Justicia, el pasado mes la carrera de corrupción y sectarismo de Luftur Rahman llegó a su fin. Cuatro vecinos que demandaban que se reconociera que la elecciones del año pasado habían sido adulteradas y que, por tanto, se anularan llevaron el caso a la corte electoral. Tras analizar las pruebas, el juez Richard Mawrey, comisionado electoral, emitió un veredicto devastador.

Luftur Rahman fue despojado de su cargo de alcalde de Tower Hamlets el mes pasado, tras ser encontrado culpable de fraude electoral y otras prácticas ilegales. (Imagen: pantallazo de un vídeo de ITV News).

El juez Mawrey describió a Rahman como un “testigo evasivo” que había proferido”un montón de mentiras” ante el tribunal. Dijo que no había “la menor duda” de que Rahman había estado detrás de ciertas “prácticas ilegales y corruptas”, y que se había valido indebidamente de su “influjo espiritual” sobre los votantes a través de imanes locales. Rahman fue acusado de fraude electoral, fue despojado de su cargo y se le prohibió volver a optar al mismo. La Policía, que claramente fracasó en todos estos años, ahora dice que está sopesando llevar a cabo una investigación penal.

De nuevo emerge la misma pregunta que surgió en el caso de las violaciones de Rotherham: ¿dónde estaban las autoridades? ¿Por qué fallaron las instituciones?

Como en Rotherham, en Tower Hamlets la Policía parecía temer ser objeto de la clase de denuncias que suelen hacer Rahmán y los suyos. El Gobierno central, aparentemente temeroso por las mismas razones, igualmente fracasó. La defensa de la legalidad se dejó en manos de unos pocos periodistas intrépidos y de cuatro ciudadanos.

En su recapitulación de los hechos, el juez Mawrey comentó:

Parece inevitable que Mr. Rahman denuncie este juicio como otro ejemplo del racismo y la islamofobia que le han perseguido durante toda su vida política. Nada de eso. Mr. Rahman ha tenido una carrera satisfactoria ignorando o violando la ley y ha acallado a sus críticos con acusaciones de racismo e islamofobia. Pero sus críticos no han sido silenciados, tampoco esta corte. Acontecimientos recientes en contextos muy diferentes de los propios de la mala praxis electoral han demostrado claramente lo que pasa cuando las autoridades temen enfrentarse a la criminalidad por miedo a ser acusadas de racismo o islamofobia. Incluso en una sociedad multicultural como la de la Gran Bretaña del siglo XXI, la ley debe ser aplicada con justicia e igualdad a todo el mundo. De lo contrario, estamos perdidos.

Gran Bretaña debería aprender ya esta lección. El que no lo hayamos hecho y que parezcamos destinados a aprenderla una y otra vez es el mayor problema para nuestra sociedad. Los malos hacen cosas malas, y cuando las instituciones fallan al detenerlos el problema es para todos.

 

Douglas Murray

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