¿Qué esperan los socialistas españoles para poner su reloj a la hora? ¿Acaso sus dirigentes aún continúan siendo fieles devotos de los libros marxistas de los años 70 del siglo pasado? ¿Aún no se han dado cuenta de que el presente es una refutación palpable —una demostración, por decirlo más llanamente— de las teorías de una izquierda que se movía en un universo mental de siglo XIX? Recordemos que Marx murió en el año 1883 y que El Capital, se publicó en 1867. Y confiemos en que ya se tenga la idea de que Karl Marx no es un profeta inspirado por una divinidad izquierdosa, sino un mortal como cualquiera de los presentes, con sus aciertos, sus errores y cegueras. Y 130 años de distancia son muchos para confiar en sus análisis a la hora de pretender entender y explicar la realidad socioeconómica actual.

Quizá ya va siendo hora que nuestros partidos autodenominados de izquierda —otra palabra realmente vacía aunque no por ello deje de ser hipnótica— empiecen a tener un nivel y una preparación —lo que se llama skills— que la empresa, llamada España, necesita. Y también no estaría nada mal que desde el más común de los mortales que vive en este políticamente maltrecho país mejorara su extraordinario desconocimiento con unos mínimos de ciencia económica.

¿Acaso no se han dado cuenta nuestros conciudadanos que todo gira alrededor del acto de vender?  Vender productos, vender servicios o vender capacidad productiva. He ahí las tres gracias económicas básicas de un país. Según la característica —el valor, se podría decir, a nivel de demanda, a nivel de mercado— de estos tres tipos de ofertas, se conseguirá uno u otro estadio económico. Léase, al respecto, nivel de bienestar.

trabajo digno

Es preciso darse cuenta, de una vez, que la riqueza de un país radica en poner encima del “mostrador” productos interesantes que inciten a comprar. Y si las ventas son altas habrá más riqueza por repartir —eso se hace a través de los impuestos directos e indirectos. Y si hay más exportaciones que importaciones, habrá que ampliar el número de cajones para ordenar el capital entrante. Pero, ¿se habrán dado cuenta los sindicalistas —algunos de ellos verdaderos parásitos del sistema, ¿acaso se sabe lo que cobran?— que cuando piden unos puestos de trabajo más dignos o decentes lo que deberían de pedir a sus afiliados es que se esforzasen por ser más eficientes y aumentasen en sus competencias y habilidades?

cuanto cobran

De hecho tener elevadas habilidades en una serie de tareas de alta demanda, origina, quiérase o no, un elevado sueldo. Es el mismo mecanismo que funciona cuando hay mucha demanda y el producto es escaso. En resumen, nuestros sindicalistas, por lo que parece, también desconocen la primera lección sobre la productividad —en cuyo núcleo siempre hay un alto porcentaje de talento (skills).

Sin embargo, por aquello de ser inversamente proporcional al esfuerzo, el infantilismo político —pedir que día sea Navidad y Reyes, y a continuación el mes de vacaciones— se expande por nuestras ciudades con la rapidez del fuego y eso en una época en la cual la televisión podría ser el mecanismo fundamental para ilustrar al pueblo.

Ilustración

¡Pobres si Diderot, D’Alembert, Rousseau o Kant levantasen la cabeza y viesen lo que ocurre en nuestra época, con tantos medios para llegar al potencial intelecto de la ciudadanía, y tanto interés en que esta quede en un estadio de infantilismo político! O tempora, o mores.

Por otro lado, ¿saben algo nuestros dirigentes, de derecha e izquierda, sobre el impacto que tendrá la inteligencia artificial en las factorías? ¿Conocen el alcance que supondrá la automatización de las industrias? ¿Acaso piensan que tendrán suficiente capital para implementar estas innovaciones vía importación, sin que el personal propio tenga ni arte ni parte, dado su inferior nivel de preparación? ¿Acaso creen nuestros ingenuos políticos que la sapiencia cae del cielo como la lluvia? ¿No han descubierto aún el significado de productividad y su encaje directo con el arte avanzado industrial? ¿Serán tan iletrados como aparentan, nuestros dirigentes políticos? Se puede entender que el personal que es sólo televidente y que nunca ha entrado en una biblioteca y que su piso está carente de libros —incluso de libros de texto, en una época en que son de alquiler o se practica la reventa— está muy bajo por lo que hace a su nivel de preparación. Sin embargo, es mucho más grave que nuestros dirigentes quieran parecerse a este mundillo cuya cualificación en cualquier país tecnológicamente avanzado no sería aceptado para ninguna tarea mínimamente compleja.

El impacto del presente, aunque se quiera ocultar con pan (gratis) y futbol, será altísimo y cruento, a menos que de inmediato se planteen las reformas educativas y de formación en todas las escalas que el tiempo presente obliga. En caso contrario, la caída será pronunciada y la frustración y llanto será más fuerte que el correspondiente al infierno de la iglesia cristiana.

ANTONI ALBERT  (a.k.a @carlesdijous)

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