¿Cómo estamos encarrilando a nuestros hijos? ¿Qué pautas y direcciones les estamos ofreciendo para su desarrollo actual y futuro? ¿Qué horizonte intelectual les estamos marcando, aún sin darnos cuenta de ello?

He ahí unos interrogantes que deberían de hacernos temblar. Y en especial porque el mundo no se para y en pocos años —el reloj no cede nunca a nuestros deseos— estarán —deberán de estar— frente a su realidad futura. Mientras tanto les vamos encaminando por los que fueron nuestros pasos, sin darnos cuenta que este, el presente y el futuro, ya no es el mismo que el nuestro a sus años. ¡Qué error! ¡Que inmenso error!

Y mientras tanto en otros lugares —algunos, tal vez al final de nuestra misma calle— los críos que tienen la misma edad que los nuestros, e incluso menores, están —¡mediante juegos!— aprendiendo a controlar su futuro, adquiriendo talento con barniz digital.

coding farmers

Hoy, por estos rincones dejados, ¡ay!, de la mano del dios tecnológico, aparecen algunos pequeños centros con talleres que ofrecen unas primeras aproximaciones, para los más jóvenes —de 7 a 16 años (¡pero incluso se atreven con los más pequeños —de 3 a 7 años!)— de lo que será su futura sociedad tecnológica. Se enseña ya programación, ¡jugando! Se dan unos primeros pasos en robótica, aunque estemos en la prehistoria de la misma. Porque, repitámoslo mil veces más, la sociedad actual es vieja, caduca, —pretecnológica, si se quiere—, y una nueva está naciendo y nuestros críos deberán de circular por ella, trabajar en ella y controlar su mundo profesional en ella. Y, mientras tanto, por aquí como si nada de eso tuviera que ocurrir.

cursos y talleres

Este presente nos puede recordar la ceguera de los gremios y sus ordenanzas que encorsetaban —frenaban— los cambios que en otros países, más liberales y abiertos, se estaban dando. Fueron los fisiócratas los que enterraron estos gremios —que eran unos auténticos representantes de la clásica resistencia al cambio—, y abrieron ventanas y puertas para que penetrasen los nuevos aires del cambio que promovió la revolución industrial.

Los actuales centros escolares, muchas de las actuales universidades, están fuera del tiempo. Existen facultades que ‘fabrican’ licenciados que sólo encontrarán trabajo en almacenes preparando paquetes de pedidos del comercio electrónico. Otras facultades cada año lanzan al paro centenares de nuevos periodistas que no encontrarán trabajo de su especialidad.

facultats de periodisme

¿Serán muchos de estos centros escolares nuestros gremios actuales, que se dedican a encorsetar a nuestros jóvenes, ofreciéndoles sólo unas salidas profesionales virtuales pero que difícilmente tendrán una plasmación en la realidad? ¿De dónde salen, sino, estas protestas de los más jóvenes, de las nuevas generaciones, sino de su frustración por estos descarrilamientos provocados por unos centros que están caducos, fuera del tiempo, y que padecen una peligrosa ceguera y que transfieren con su enseñanza?

¿Cuál será la salida de este callejón? ¿Serán las propias empresas las que lancen unos programas educativos específicos y sin necesidad de colocar asignaturas de relleno, para redondear sueldos de profesores anacrónicos? ¿Pueden ser ingeniosos centros que avanzados tecnológicamente den un mejor aprendizaje, fuera del horario ‘reglado’ (regulado por el cegato poder de la administración educativa)? En todo caso, si no se orienta con extraordinaria rapidez este desvío de época, el futuro no será ni catastrófico. Aún no se ha inventado el término para calificarlo.

 

ANTONI ALBERT (a.k.a @carlesdijous)

 

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