Es más de lo mismo, ya sé que me repito, pero es que estoy hasta los mismísimos de la política que no es sino una ciénaga donde proliferan y chapotean todo tipo de parásitos; de los silencios absentistas del Sr. Rajoy, como si la cosa no fuera con él; de los malabarismos y componendas, contemplando casorios que en principio eran anatema, para conservar el puesto y llegar a la poltrona presidencial, del Sr. Sánchez, quien parece no querer darse cuenta de la barbaridad que supone juntarse con según quienes con tal de conseguir la investidura; de la pobreza de repertorio, la prepotencia y el desaliño no solo indumentario del señor Iglesias; del patético papel del señor Rivera con sus bandazos según sople el viento; del nerviosismo de los partidos fringe a la espera de resultados, de la cara de baboso que se les pone a sus representantes ante la posibilidad de sacar su tajadita de parte del pastel de mando y ser noticia de primera plana durante el efímero plazo que duran las portadas; de las tonterías que dice y propone la alcaldesa de Madrid cada vez que abre la boca, un día sí y otro también, perdiendo el tiempo en asuntos tan “necesarios” para la buena marcha de la ciudad como cambiar nombres de calles, hacer una especie de plebiscito para darle otro aire la Plaza de España ¿para qué? y ya puestos ¿rebautizarla, quizás?, de su desmesurado interés por conseguir que voten los muchachitos de 16 años, esos descerebrados del botellón, en asuntos que desconocen y les traen al fresco; de las corruptelas y las y los que las practican; de los ladrones de guante blanco; de lo que pasa en Cataluña, en el País Vasco, en Galicia, en Canarias, en Andalucía; de las tertulias televisivas de cualquier género que sufro de paso, como los no fumadores que conviven con un fumador, porque mi pareja es un teleadicto impenitente. Yo me conformo con los canales 107 y 109.

Me sulfura el papanatismo de la  mayor parte de los habitantes de nuestra nación; la cortedad de miras; el revanchismo y su puesta en escena con la tan cacareada memoria histórica, obsesión que no cesa de la Sra. Carmena; el odio soterrado, la envidia, los malos deseos: ya que yo no puedo, a joder al que lo consigue; la maledicencia;  el no haber superado el consumismo desaforado, que sigamos considerando que la posesión de efectos materiales va a darnos la felicidad, que se siga creyendo que ésta existe; que todo lo mida el tanto tienes tanto vales; la impuntualidad; la falta de educación; la suciedad de Madrid; el feísmo; la cutrez; la mediocridad; los jóvenes pegados a las pantallas de sus móviles como si fuera de ellas no existiera nada más y destruyéndose las neuronas con  el consumo de alcohol; la hipocresía, que a veces se confunde con la buena educación, y su by product la imagen que deseamos vender a los demás desvirtuando la realidad. Las meteduras de pata de la reina. La degradación del idioma; la constante desinformación, por omisión o comisión, con la que se nos bombardea desde los medios; los bulos y rumores con los que se pretende confundirnos y que a fuerza de repetirlos se convierten en noticias aceptadas como genuinas; la bazofia literaria de los best sellers; los  premios Max y los Goya; los cocineros estrella y sus peculiares inventos; los crop tops; la pornografía infantil; los snuff films o movies y sus productores y seguidores; las Deep webs ilegales; las mafias que trafican con seres humanos y los gobiernos que se benefician de ello; los tejemanejes de algunas empresas farmacéuticas para colocar un medicamento en el mercado; las mentiras de los mensajes publicitarios recomendando sus productos; que el dinero y la juventud eterna sean las aspiraciones que encabezan la lista; la falta de comunicación real entre los seres humanos porque el erzast de la relación electrónica a través de las redes sociales no tiene nada que ver con la auténtica comunicación. El escaso valor que se le concede a la vida: sicarios, asesinos a sueldo, genocidios, tortura, drogas, ¿deportes? de alto riesgo, etc…

Procuro que las rabietas me duren poco… Pero nuevos episodios las hacen aflorar en perpetua alternancia de cabreo versus apaciguamiento. Las rosas y las espinas de nuestro pan de cada día. Sería deseable que hubiera más de las primeras y menguase el número de las segundas, pero la naturaleza mezcla unas con otras para recordarnos que cada cara tiene su cruz, cada elemento contiene su contrario y que los cantos de victoria vienen acompañados de muchos réquiems.

De nosotros depende como gestionemos este complicado oficio de vivir, pero, lamentablemente, en esta España que tendría que dolernos mucho más, hay momentos en los que, si bien no sirve para nada, lo visceral se equipara o incluso supera lo racional.

Y en estas ocasiones, que en la actualidad se multiplican en progresión geométrica, los goces del espíritu; los sonidos, los colores, los paisajes, la buena literatura, los museos, el teatro, la ópera, el ballet, los conciertos; la buena mesa respetuosa con la materia prima; los buenos vinos; la amistad; el amor en todas sus facetas, etc., etc., etc. sirven de poco.

 

NURIA VALLDAURA MICÓ

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