Aprovecharemos que aún hay gente que sabe quién fue Sócrates para aportar unos comentarios, atribuidos al maestro de Platón, que recogió Jenofonte. Éste, Jenofonte, fue, además de escritor, economista —escribió el diálogo Económico en pleno siglo IV aC—, historiador e incluso estratega militar, además de seguidor del sabio griego. En su libro Recuerdos de Sócrates, éste nos da una lección que es muy actual, sobre los “fantasmas” políticos, prototipos que hoy abundan en muchos rincones de la península.

Sócrates habla a propósito de las apariencias y las realidades humanas; de la gran diferencia entre el ser y el parecer. El texto es muy claro. Veámoslo:

“Reflexionemos —decía: si un hombre quisiera parecer un buen flautista sin serlo, ¿qué tendría que hacer? ¿No tendrá que imitar a los buenos flautistas en lo que es exterior al arte? En primer lugar, como tienen un hermoso equipo de vestuario y arrastran a numerosos seguidores, también él tendrá que hacerlo. En segundo lugar, como tienen muchos que les aplauden, también éste tendrá que procurarse una claque abundante”.

Si cambiamos los términos de “parecer un buen flautista sin serlo” por “parecer un buen político sin serlo”, quizás comencemos a entender más a fondo lo que hay en juego. Habrá que subrayar que eso de procurarse una claque es algo que en el presente se lleva mucho, no fuese que… Pero, ¡sigamos con Sócrates!

“En cambio, nunca tendrá que ponerse en acción, o en seguida quedará en ridículo y en evidencia no sólo como mal flautista sino también como un charlatán. Y en estas condiciones, teniendo muchos gastos y sin sacar ningún provecho, consiguiendo encima mala fama, ¿cómo no va a ser su vida muy penosa, sin provecho y ridícula? Y, de la misma manera, si alguien quiere aparentar ser un buen general sin serlo, o un buen piloto (de navío), imaginémonos qué podría pasarle. ¿No sería doloroso que en su deseo de parecer capaz de esta técnica no pudiera convencer a nadie, o, lo que todavía es más penoso, que pudiera convencerles? Porque es evidente que puesto a pilotar sin saber, o a dirigir una campaña, destruiría a quienes menos deseaba hacerlo, y él mismo saldría del trance avergonzado y perjudicado”.

Estamos, como se puede observar con facilidad, en una época donde se está dando el espécimen de los fantasmas políticos. Gente con ninguna preparación aparentando tenerla para obtener cargos. Y, en algunos casos, habiendo obtenido estos, por ejemplo en el gobierno de algunas ciudades, dando una imagen penosa y provocando gran desconcierto. Todo ello no deja de ilustrar lo poco que ha avanzado la humanidad —en todo caso algunos de sus miembros— desde hace más de dos mil años.

No creo que haga falta poner nombres de dirigentes políticos, gesticulantes y vociferantes, o de alcaldesas cuya tesitura provoca constantes sonrojos. O tempora o mores.

ANTONI ALBERT  (a.k.a @carlesdijous)

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