¡Uf, qué hartazgo de las noticias y especulaciones relacionadas con la dichosa investidura y el constante cambio de parejas de los posibles socios en este baile de San Vito de las componendas y de su artificiosa vulgaridad; qué empacho de las empalagosas, melindrosas y ramplonas declaraciones a la prensa de cualquier color que la pareja nobel-socialite, (a la que los laboratorios fabricantes de Viagra, en su versiones masculina y femenina, deben estar muy agradecidos) prodiga acerca de su edulcorado amor; qué hartura de tanta corrupción a todos los niveles, de las mentiras, el cinismo y la mala memoria de los implicados; es como si los evasores usuarios de los paraísos fiscales sufrieran ataques de amnesia, temporal o permanente, respecto a sus cuentas; que hastío al comprobar que los Pujol siguen en la calle y, como ellos, tantos otros que deberían estar dentro haciendo compañía a Conde, icono de los 80 y reincidente pertinaz!

Si viniera Mefistófeles a ofrecerme el elixir de la juventud, estoy convencida de que lo rechazaría; ser joven hoy, con todo lo que a los jóvenes les queda por delante, inmersos en la incertidumbre de la interinidad y ya se sabe que nada hay más permanente que lo provisional, no me apetece nada; me dan mucha pena y pienso que si aquello de que siempre tiempos pasados fueron mejor responde a la realidad y no es el producto de la manía humana de maquillar nuestros pretéritos, a lo que nos ayuda la memoria selectiva, esto significa que nuestro presente será el pasado del próximo futuro… Miedo da pensar cómo será ese futuro si se considera que nuestro presente fue mejor, porque, francamente, se están viviendo tiempos caóticos y convulsos que tal vez presagian el fin de una era, pero sin que lo que va a sustituirla tenga mucho atractivo, entre otras cosas porque los populismos, esos movimientos revolucionarios tan modernos, copia sin mejorar de los de finales del XIX y principios del XX, han proliferado primando al individuo sobre la persona (no olvidemos que desde el punto de vista filosófico el ser humano es individuo y también persona, pero si bien una persona es siempre un individuo, un individuo no siempre es persona) aunque allí donde han conseguido instalarse, porque el espíritu del pueblo se ha dejado obnubilar por sloganes muy llamativos, pero vacíos de contenido salvo el del revanchismo y la violencia, por promesas que nunca pasarán a convertirse en realidades, ha sido desde todos los puntos de vista un fracaso absoluto, salvo para los bolsillos de los lideres, esos redentores de la humanidad empeñados en la liberación del hombre convirtiéndolo en un animal de rebaño útil y aquiescente mientras panameñan* que da gusto

Cierto que el siglo XXI no puede estar orgulloso de sus logros, exceptuando la tecnología que nos esclaviza, nada se ha avanzado en el auténtico bienestar de los pueblos, es más, parece que existe un impasse, que ha desaparecido el ansia de superación artística e intelectual, nos hemos infantilizado, baste como ejemplo ver la publicidad de ciertas empresas. La ética es una mera palabra que no tiene fuerza para regir los comportamientos individuales o colectivos; se ha exacerbado el odio entre las distintas culturas, religiones o sistemas políticos; la violencia se ha reinstalado como medio aceptado para el logro de los caprichos; la mentira, la falsedad, la hipocresía, el fariseísmo, el engaño, etc. son la moneda corriente de la sociedad; los derechos humanos no se respetan en muchos países donde el asesinato y la tortura están a la orden del día y no me refiero únicamente a Méjico o Siria, por ejemplo, sino a muchos que alardean de sus Constituciones como textos ejemplares; no cuenta el fondo, sino la forma y en ocasiones ni siquiera la forma y aquellos proyectos magníficos como la Unión Europea no han sido capaces de despegar a toda vela, tal vez porque la amalgama de distintas naciones con su idioma propio, su cocina, sus vinos, sus religiones, creencias y sistemas políticos tan dispares es una res facta más que una res nata y, por ende,  Europa es el conjunto de una serie de elementos que no se han transformado en unidad, quizás porque se necesita más tiempo, pero de momento se perciben escisiones, no hay un pensamiento, una voluntad  y una meta común y ante los acontecimientos tremendos que se están viviendo: terrorismo, refugiados, empobrecimiento de la mayor parte de la población, bajo nivel de la enseñanza, etc. la respuesta es deficiente, descorazonadora y lamentable.

Estando así las cosas ¿qué podemos hacer para no sucumbir a una depresión profunda?

* Aclaración innecesaria: Panameñar = llevarse los dineros del país a Panamá u otros edenes monetarios.

 

NURIA VALLDAURA MICÓ

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