Mucho me apena tener que escribir este artículo porque, en principio, no me gusta arremeter contra símbolos que representan mucho para muchas personas, pero hay un suceso que me ha dado que pensar. El viaje del Papa a la isla de Lesbos; no es preciso dar su nombre, todo el mundo sabe a quién me refiero y el hecho de que el patronímico que eligió para su investidura se añada al que designa su cometido sólo consigue rebajar la dignidad del mismo, es un poco estilo compadre, tal vez sea lo que ande buscando porque la moda del populismo ha llegado también al Vaticano. No es que esté mal que la suprema jerarquía católica quiera acercarse al pueblo ¿más que dejar que el pueblo se acerque a él? pero los gestos destinados a la galería en los azarosos, conflictivos, problemáticos y difíciles  tiempos que vivimos me parecen de una gran frivolidad, me atrevo a decir inadmisibles y mucho más si el protagonista de los mismos es alguien que representa una religión que alardea de su compromiso con el más necesitado.

Por supuesto que en sus homilías, declaraciones, comunicados, sermones, oraciones, etc. el Papa insiste en la necesidad de ser solidarios y en la práctica de la caridad por parte no sólo de los feligreses, sino también de las comunidades religiosas y de la Iglesia en general, que tiene la obligación moral de atender y ayudar a todos aquellos que se encuentran en situaciones desesperadas: refugiados, exiliados o migrantes, entre otros quizás menos llamativos, pero igualmente dolorosos. Es lo que le corresponde decir, aunque no parece que sus palabras hagan mella en ciertos sectores de la Iglesia porque muchas de las parroquias, monasterios y conventos de Europa siguen sin abrir sus puertas a los que huyen de las barbaries que se cometen en sus países en nombre de lo que sea.

Todo este preámbulo viene a cuento por la noticia de su visita, casi paseo, a Lesbos donde permaneció cinco horas escasas que le dieron para hacerse las fotos, llorar, y llevarse a 12 refugiados sirios al Vaticano, donde estoy segura que caben muchos más ¿Y por qué sólo 12, por los 12 apóstoles; uno por cada mes del año…? ¿No es un agravio comparativo con los que se quedaron? ¿Por qué todos musulmanes, por un problema de imagen? Que está muy bien, claro, pero dada la magnitud de la calamidad no es ni un grano de arena. Creo que las finanzas y riqueza de la Santa Sede dan para bastante más que este viaje que parece publicitario, como el de las actrices famosas que van fotografiarse abrazando a un bebe del color y etnia que toque en este momento.

No sé cuánto habrá costado el desplazamiento papal con todo lo que el mismo supone en gastos de seguridad, publicidad, combustible, etc. etc. Igual si esos dineros se hubieran enviado a uno de los campos, mal llamados de acogida, para mejorar sus condiciones hubieran estado mejor empleados. Es de agradecer que un mandatario haga acto de presencia para conmiserarse de la situación, pero desde el punto de vista práctico sirve de bien poco si no va acompañada de algo más que oraciones y promesas.

Si la lista de esa ayuda que solicita de los hombres de buena voluntad la encabezara el Vaticano con una suma sustanciosa, quizá otros gobiernos seguirían el ejemplo y la gente de a pie, a la que cualquier dadiva resulta hoy onerosa, entregaría el óbolo con más alegría. Es una idea.

NURIA VALLDAURA MICÓ

 

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