LO QUE NO QUISE DECIR

El artículo, escrito en catalán, de Carmen Amorós Valldaura me parece que contiene un punto de vista tan interesante que lo he traducido al español para que puedan disfrutarlo los no catalanoparlantes. Nuria Valldaura Micó.

 

LO QUE NO QUISE DECIR (Carmen Amorós Valldaura)

Hace unas semanas leí Lo que no quise decir del escritor húngaro, Sándor Márai, un libro maravilloso que nunca tendría que haber leído. El propio título ya lo dice todo, pero es que, además, Márai dejó escrito en su diario en el año 1949 “que no dejaré que los dos primeros capítulos de Confesiones de un burgués III lleguen al público extranjero. No quiero que lean esta triste confesión, esta acusación entre húngaros. En húngaro para los húngaros, sí… pero que los extranjeros no lo sepan”.

Antes de continuar tengo que aclarar que los dos grandes libros autobiográficos, aparte de los Dietarios 1984-1989, Confesiones de un burgués y ¡Tierra, tierra! no se han traducido al catalán como, de momento, tampoco lo ha sido Lo que no quise decir, el libro que se acaba de publicar y que recoge estos dos capítulos que Márai incluyó en la tercera parte de las Confesiones que en algunos idiomas se ha traducido como ¡Tierra, Tierra! y que no quería dar a conocer fuera de Hungría. No obstante, todo y cayendo en un error que ningún lingüista me perdonaría, yo pienso escribir los títulos de las obras mencionadas en catalán, adelantándome, a buen seguro, a lo que cualquier día será realidad.

Digo que nunca hubiera tenido que leer Lo que no quise decir porque Márai, un intelectual que merece no sólo toda mi admiración, sino también todo mi respeto, no hubiera querido que yo lo hubiese leído. Para que no lo leyeran sino sus compatriotas, pidió expresamente que no se tradujeran estos dos capítulos: la ropa sucia se lava en casa. Pero veintisiete años después de su muerte, de su suicidio para ser exactos, la tentación de publicarlos ha podido más que el respeto debido a la voluntad de una persona que ya no está aquí para defender sus intereses.

Márai, naturalmente, no pudo imaginar a mediados del siglo XX que la perversidad humana inventaría el Google Translate, una herramienta que si bien te permite acercarte a textos de una lengua desconocida, a cambio te aleja de sus sutilezas, suponiendo que directamente no prostituya el significado inicial.

La gran pregunta que me planteo es: ¿si Márai hubiera podido prever la globalización y las nuevas tecnologías, que permiten acceder a casi cualquier cosa, hubiese mantenido estos dos capítulos en sus memorias o los hubiera destruido por miedo a que cayeran en manos equivocadas?

Aunque sus editores aleguen- y estoy completamente de acuerdo- que estos textos, hasta ahora inéditos, “constituyen una parte crucial de la biografía de Márai” y, añado yo, de la historia centroeuropea ya que se refieren a los hechos que abarcan desde el 12 de marzo de 1938, cuando la Alemania nazi se anexionó Austria, al 31 de agosto de 1948 cuando Márai y su familia abandonan una Hungría convertida ya en satélite de la Unión Soviética, sigo pensando que la misma información- aunque seguramente mucho menos elaborada- se hubiera podido encontrar en otras fuentes.

¿Por qué, pues, he leído este libro que nunca hubiera tenido que caer en mis manos? Primero y principal porque soy una fan total y absoluta de su autor. No sólo he leído todo lo que ha escrito (siempre en húngaro) y se ha traducido, sino que lo he estudiado casi como si tuviera que examinarme. La capacidad de análisis y exposición de Márai sobrepasa cualquier lectura anterior y ha despertado en mí el deseo de profundizar en la historia de la primera mitad del siglo XX de nuestro continente como ninguno de mis profesores de historia consiguió en su momento.

Además, he aprendido de Márai obviedades tales como “mi lengua es mi única patria” (¡Tierra, Tierra!), pero también adentrarme en un texto sin el prejuicio que me creó, de entrada, el pervertido concepto de burguesía en sus Confesiones de un burgués.

Sin embargo, nada de lo que yo pueda argüir me exonera del hecho de haber hurgado entre sus papeles secretos y habérmelos apropiado. Nada me justifica, ni el hecho de que estén a mi alcance por motivos crematísticos de las editoriales.

Lo que más me duele, es no haber reparado en ello hasta que mi marido, persona de gran sensibilidad, me hizo caer en la cuenta cuando terminé de leer el libro ¿De haberlo pensado antes hubiera caído igualmente en la tentación de contribuir al negocio de los codiciosos editores, traicionando a quien tantas horas de buena compañía me ha deparado, o hubiese renunciado a lo que ya sabía que sería inagotable fuente de placer?

 

 

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s