Corea del Sur no piensa hacer ninguna guerra porque no necesita este tipo de ‘negocio’ para prosperar económicamente. Sus ciudadanos han adquirido la idea, han asumido a fondo, de que con el talento, y talento en lo digital, se puede conseguir, y de muy buenas maneras, un bienestar económico adecuado. Sólo en países con garrulos y pardillos, ingenuos dirían algunos, es decir, que no van sobrados de talentosos, sino que merodean por el mundo intelectual como perdularios, son los que más fácilmente se les puede lanzar contra el país que puede darles, mediante el robo que es toda guerra ganada, las avituallas económicas que precisan para mejorar su vida cotidiana.

He ahí dos distintos carriles de la economía. O la guerra o el esfuerzo intelectual y el atrevimiento empresarial. En medio, los iletrados políticos y los gestores de la opinión pública —esto es la prensa subvencionada— que intentan, según como sopla el viento, ir nadando sobre la nada de una ciudadanía que oscila entre la creencia ideológica, sostenida con el palo y la zanahoria, y el aborregamiento de las dosis deportivas que con cadencia se les endosa vía televisiva. La cuestión es tener las mentes entretenidas y alejadas de toda tentación desestabilizadora; en caso contrario habrá que fabricar un enemigo del que extraer la substancia económica.

La historia es un libro abierto, si se quiere leer entre líneas, más allá de los nombres de los gobernantes o de las victorias esplendorosas en unas luchas para conservar unos terrenos o ampliarlos. Gestas heroicas —presentadas de forma honorífica—, que pueden servir para ir a depositar los emblemas y enseñas de una patria fabricada a gusto del vencedor. En suma, guerras y belicosidades para obtener rápidamente rentas ganadas honradamente por los otros (los “malignos enemigos”), o riquezas territoriales —léase minas de carbón o de otros minerales, o pozos petrolíferos e incluso salidas al mar. Pero también ha habido y hay otra vía. Ahí se requiere esfuerzo, muchísimo más esfuerzo para ir fabricando productos que en el mercado, cercano o lejano, podrán convertirse en monedas que servirán para mejorar las condiciones de vida e, incluso, ampliar y mejorar el sistema de fabricación o confección de los mismos. Esta ha sido la vía de Corea del Sur, toda una lección. Y así quieren continuar.

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Esta es en síntesis la historia económica. A menudo las batallas también se han dado en el interior de un mismo país. Cuando los menos dotados para el esfuerzo —dejemos de lado, por hoy, la causa de ello—, quieren obtener una parte —y casi siempre la mejor— de lo que otros han obtenido con su esfuerzo laboral o empresarial. Ahí aparece una nueva manifestación del cainismo histórico. Los que quieren ir deprisa y descansados para obtener fortuna y los que pausadamente y de forma continuada van con coraje esforzándose, con su trabajo, para crear riqueza.

La riqueza procede de una simple operación matemática: yo te doy y, a cambio, tú me das. Hay un intercambio de productos por dinero; o de servicios (pintor, decorador, diseño arquitectónico) por dinero. Lo otro, la otra vía, es dame tu lo que tienes o te mato. Es el robo. El acoso. El chantaje. Un alto y rápido esfuerzo para obtener rápidamente una ganancia. Es simple. Así funcionan las cosas. Hay grados, cierto; pero en síntesis es lo dicho. Al respecto sólo hay que poner un vestuario adecuado a los distintos siglos y cambiar el decorado, y tendremos la historia real de todos los tiempos. Esfuerzo concentrado —y muchas veces sólo concentrado en la potencia del arma que se empuña— o esfuerzo dilatado en el estudio, el trabajo, la creación, y el ofrecimiento en el mercado.

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¿Por qué Corea del Sur no entra en guerra? Porque no la necesita. Vende grandes productos tecnológicos por todos los continentes y está encarrilándose hacia la plenitud de la cuarta revolución industrial. No necesita la guerra. Prefiere —y se agradece— las ventas resultado de una suma de esfuerzos iniciados desde hace años. (Tomemos nota: Corea del Sur era un país del Tercer Mundo en los años 50 y 60 del siglo XX, según se podía leer en los distintos informes de los que criticaban las “injusticias mundiales”). Sin embargo, desde hace algunos años Corea del Sur está en la lista de los países del Primer Mundo y ahí sigue en veloz carrera provocando la envidia de rezagados y, sobre todo, de los que se han manifestado cansados antes de iniciar el deporte de la economía productiva y mercantil.

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¿Por qué Rusia y Turquía están entrando en unas relaciones políticas más belicosas que industriosas? ¿Por qué Putin está torpedeando constantemente a Ucrania? ¿Por qué Turquía —léase Erdogan— está aprovechando el ‘golpe’ militar para hacer un extremado contragolpe? ¿Por qué Corea del Norte está jugando con misiles balísticos que lanza al mar del Japón? Sin ninguna duda porque es más fácil conseguir prebendas —léase riqueza— por la vía férrea, estos es militar, que por la vía del esfuerzo intelectual, de la industria 4.0 y de los avances en la revolución tecnológica, que es lo que toca en esta segunda década del siglo. Han llegado tarde —podrán decir— pero las prebendas las quieren para ya y pronto. Y su población, si ve caer con la lluvia peces y cangrejos, y añadidos a la salsa, cerrará los ojos ya que a nadie le amarga un dulce, aunque este oro venga de la confiscación o del robo a otros. Continua, así pues, esta serie, que es la historia de la humanidad. Y desde hace milenios. La tecnología cambia, la humanidad y sus tejemanejes, mucho menos. O casi nada, por lo que se ve en estos lares, donde abunda la estulticia política.

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Visto todo ello, el termómetro digital —la digitalización— puede dar buena cuenta de lo que puede pasar en los países que reticentes al cambio, y al esfuerzo intelectual —la famosa resistencia al cambio—, se oponen a adoptar las competencias que hoy se demandan en el mercado industrial. Lo cierto es que nunca el reloj ha tenido tendencia a pararse. Así que es cuestión de tiempo. Y a menos que, en los países europeos y en especial en los más cercanos al Atlántico, haya una conversión digital, como en su momento hicieron los coreanos del sur, y empiezan con una tarea de actualización en digital skills, en competencias digitales, o aparecerá la otra alternativa. La alternativa que fue profusa en época romana —el camino económico seguido por los césares augustos— empeñados casi siempre en elegir la vía cruenta, la de la declinación práctica del bellum, belli. Es decir, la de la guerra en lugar de la producción y el comercio.

ANTONI ALBERT  (a.k.a @carlesdijous)

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