Sí infiltrado. No hay ninguna otra razonable explicación. De irrazonables, sí que hay, como veremos más adelante. Veamos, ¿qué tenemos encima de la mesa? La tozudez supina de Pedro Sánchez no queriendo hacer nada para solucionar un problema que es el hazmerreír no sólo de Europa sino de cualquier país civilizado: el de no tener gobierno de facto desde hace más de ocho meses. Y por otro lado, tenemos el sorprendente caso Soria.

Respecto al papel de Pedro Sánchez sólo hay que ver los elementos fácticos, no las declaraciones. Las palabras son, ya nos lo dijo al final de la Edad Media Guillermo de Ockham, flatus vocis, simples golpes de voz; aire, podríamos decir. Lo que cuenta no son las palabras sino los hechos. Y estos nos indican claramente lo que está ocurriendo: las últimas elecciones y las recientes encuestas van dando señales del lento pero persistente proceso de liquidación de un partido histórico, el PSOE, con un positivo balance desde los años de la transición. La defunción declarada, si no viene ningún médico político de urgencia, por asfixia electoral. Y todo gracias al buen hacer de un líder que se dice socialista, pero que cualquier partido de la oposición no dudaría en hacerle un potente regalo económico por sus proezas. Liquidar el PSOE. Eso sólo puede capitalizarlo el PP. De ahí la tesis del infiltrado. Claramente. Pedro Sánchez no es un militante real y auténtico del PSOE. Por sus hechos les conoceréis, que dice la máxima. Es un clandestino militante del PP. ¿Por qué del PP? ¿Por qué no de Podemos, por ejemplo?

Ahí entra el caso José Manuel Soria. Este exministro de industria que desaparece de escena política por la aparición de su nombre en los papeles de Panamá y que, de pronto, sin necesidad alguna, reaparece queriendo representar a España en un sillón de renombre como es el correspondiente al del Banco Mundial. ¿Cómo es posible que el PP, o su dirigente máximo, Mariano Rajoy, hayan cometido este desliz que es dar comida fácil a las “fieras de la oposición”? ¿Seguro que es un error? ¿Seguro que no hay gato encerrado que con el caso Soria se querría camuflar?

Nuestra respuesta, atendiéndonos a los hechos claves de estas jornadas —Pedro Sánchez, el del “no, no y no. ¿Y qué parte del no, no ha entendido?”; José Manuel Soria, que renuncia por ética al sillón del consejo de ministros y que pide ir a ocupar en representación de España el sillón del Banco Mundial—, es que el caso Soria es una nube para ocultar, para distraer, el hecho grave de la destrucción de un partido histórico, que lo están dinamitándolo desde dentro. Y lo más grave es que sus dirigentes, más allá del designado como número uno, el tal Pedro Sánchez, están catatónicos y no se atreven a evitar el hundimiento ni a intentar reflotar la nave que va a la deriva.

¿Será una monarquía realmente el PSOE y eso que se declaran oficialmente republicanos? ¿El PSOE no tiene ninguna norma que permita destituir, destronar, a un dirigente incapacitado o alelado que está destrozando los cimientos de la propia casa? ¿No pueden ir recogiendo firmas para enviar a su casa a este dirigente que está haciendo más daño al partido que todos los partidos opositores juntos?

La situación es de película —película de cine fórum, si se quiere— que se podría valorar como de muy interesante. Lo grave es que no es una ficción lo que está ocurriendo. Es un hecho grave que ya empieza a repercutir en las líneas claves de la economía del presente y del futuro inmediato de nuestro país. Y tal vez de más allá.

¿Será realmente Pedro Sánchez un infiltrado del PP? Planteémoslo al revés. ¿Qué haría un infiltrado del PP si hubiese escalado a la posición de secretario general del PSOE? ¿No haría lo mismo que el tal Sánchez; esto es, destrozar el partido? Hasta aquí la explicación razonable.

Irrazonables pueden ser muchas explicaciones y son las que afectan a las meninges de nuestros políticos, en especial de algunos capitostes del PSOE, ya nos entendemos, y a algunos del PP, en especial a los que han puesto en primera fila a Soria para que reciba unas cuantas pedradas. No se entienden mucho estas actuaciones. Y estadísticamente, que los dos principales líderes políticos padezcan a la vez ceguera u ofuscación, es casi imposible —milagroso, dirían algunos— de ahí que sólo quepa la hipótesis del infiltrado. Y veremos si sólo hay uno, que es don Pedro. Esto sólo podrá ser corroborado si se da o no la destitución del monarca socialista. Es un caso de libro. Ciertamente.

Y, rizando el rizo, si Pedro Sánchez fuese realmente un militante del PSOE, cabría hacerle la siguiente pregunta. “Don Pedro, ¿qué parte de la destrucción del PSOE no entiende?“. ¡Qué ironías nos ofrece la vida!

ANTONI ALBERT  (a.k.a @carlesdijous)

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