¡Hay que salir en la prensa! Esa es la consigna. O sales en los periódicos —y a ser posible en la portada o en una página de la derecha a tres columnas— o dejarás de existir en un plis-plas. He ahí la gran preocupación de nuestros estadistas, en especial los de la oposición. Los de la “posición”, los gobernantes, sea en Madrid o en Barcelona, lo que desean, en caso de ser tema de periódico, es no serlo por motivo de corruptelas habidas, habientes o por venir.

El horizonte actual de nuestro estadista de turno, aspirante o ejerciente, es el más inmediato presente. El tema de verlas venir no va con él. El futuro es un nunca visto y lo que vende, lo que puede hipnotizar al votante o seguidor, es la canción más inmediata que halague sus oídos. ¿Futuro? ¡Connais pas!, que dirían los franceses. Mientras tanto la máquina del cambio, en todos los órdenes, aunque con distinto ritmo, va actuando y su férreo peso hará desaparecer el presente de una forma que quedará, en pocos años, irreconocible (como lo es la época de final del milenio pasado, cuando eso de los teléfonos móviles era algo de minorías, y que de reflexionar sobre ello nos preguntaríamos cómo se había podido vivir sin este tan útil dispositivo de bolsillo).

Gusten o no, las cosas siempre cambian. Paseemos, por ejemplo, por un barrio que conocimos a fondo hará unos treinta años. Su centro, que en otro tiempo era una muestra del fulgor y del dinamismo, está mortecino. La cantidad de locales cerrados en espera de nuevos alquileres es alta. Los vecinos, más bien pocos, de ese centro, otrora numerosos, son gente, la mayoría, llegada de allende los mares. Y, en cambio, en la periferia del barrio las viviendas que han surgido en estas décadas están dando muestras de gran vitalidad y, en último término, de bienestar económico.
casas
En el ejemplo anterior tenemos una muestra del mecanismo actuante. Los hijos nacidos en las viviendas del centro del barrio, al emanciparse, fueron a vivir a la periferia, dado que el precio de los pisos de las calles céntricas que entonces concentraban tiendas y servicios, eran prohibitivos. Los años fueron pasando, y como todo, estas viviendas céntricas empezaron a padecer lo que el tiempo siempre acompaña: el deterioro tanto de las piedras de los edificios como de los usuarios de los mismos. Con la defunción de los dueños de estas viviendas de la parte central del barrio, y ante la dificultad económica de hacer una reparación a gran escala de las mismas, se optó por dejarlas en alquiler. Los alquileres —los años no perdonan y habrán deteriorado también la zona— son bajos y resultan concordes con los aspirantes al mismo. Y así se van modificando las zonas. Unas nacen y otras van entrando en lo decrépito.

Lo mismo ocurre con las industrias. Aquellas que surgieron hace varias décadas, con un capital reconvertido en maquinaria, se están encontrando con que estas máquinas ya no resultan rentables. Su productividad ha decaído por no decir fenecido. Y la alternativa es el cambio. La duda está en si el cambio quiere decir cierre o quiere decir recambio con máquinas más actuales y más eficientes. Ahí también se da, en paralelo, el paso del tiempo en los directivos. Muchos de ellos, por aquello de los años, no tienen ya el coraje de los primeros tiempos del emprendimiento. Y sus descendientes es muy posible que también se hayan ido a la periferia —en este caso, a ámbitos laborales distintos a los paternos. Son procesos parecidos y entendibles. Mecanismos que se repiten, aunque se pretenda ignorarlos. Y mientras tanto la economía se resiente.

La economía. He ahí la clave de todo. El gran engranaje que hace —o no, en muchos casos— avanzar un país. Pero, al parecer, no se está por la labor. La miopía se extiende con facilidad, en muchos lugares. En la India, por ejemplo, muchas de las pequeñas y medianas empresas no se han dado cuenta que existe Internet. Y permanecen offline. Desconocen que existe, desde hace lustros, el aparador digital.
SMB India
Pero no hace falta ir tan lejos para ver lo que ocurre con la miopía digital.
pymes y sociedad digital
Y mientras tanto, los que tendrían que organizar, con leyes estimulantes, impuestos bajos, menos verborrea y más atención a lo que se está ocurriendo con los grandes cambios que se avecinan, se escudan en crear comisiones para juzgar el pasado —la corrupción es tema de jueces y cárcel si procede; y no de campaña electoral permanente y asidua página de periódico. O se dedican en promover y participar en las romerías y procesiones de la religión laica que cada vez es más presente y está más extendida.
manifestación
En otros lugares, sus políticos sí que están por la labor. No son cortoplacistas. Y, al parecer, se preocupan realmente por sus ciudadanos. Están por lo importante. Por los presupuestos y que estos estén a la orden del día, que es plenamente digital.  Y no por ello se olvidan de favorecer cambios profundos a nivel de género, pero no lo hacen en plan festival.
Womens Day 2017 compo
En el Reino Unido (UK), tienen las cosas mucho más claras. Menos celebraciones y más codo, presupuesto (budget) y empeño.
2017 Budget UK1La revolución tecnológica —los grandes cambios ahora acelerados con la globalización de la economía que estimula más la gran carrera de la investigación y la técnica— está transformando los países (igual como hemos visto que ocurría en los barrios). Y algunos, al parecer, ciegos a lo digital o confiando ingenuamente en un presente eterno, están con su desidia convirtiendo este país nuestro en un gran barrio decrépito.

ANTONI ALBERT  (Twitter: @carlesdijous)

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