La vida del hombre es como un árbol. Está llena de bifurcaciones igual como el árbol tiene muchas ramas. La vida exige siempre elección: hacer crecer una rama en una dirección o hacer avanzar otra en dirección distinta. La vida está llena de retos que se pueden asumir o no. Los atrevidos —la historia da nombres de muchos de ellos— han hecho crecer el árbol hacia arriba; muy alto. Muchos, en cambio, se han perdido en medio de ramajes que rozan el suelo y dan pocos frutos al recibir apenas la luz solar.

Uno siempre se verá obligado a elegir entre distintas vías. Por lo general, una de fácil i cómoda, la de la rama baja, y otra de alta aspiración de luz. Solamente ésta —a pesar de los tropiezos que habrá en el crecimiento del ramaje— permite ser catalogada como la rama forjada con esfuerzo y entendimiento, y los frutos que aportará finalmente son los de la satisfacción por lo conseguido. La obra bien hecha; la obra bien hecha por ti. Esta es la rama más alta del árbol, la que se acerca más al sol. Es la que busca la luz del deber con uno mismo. Del deber cumplido. Y eso no te lo puede quitar nadie. Es el auténtico tesoro de la vida.

A Sònia y a muchos más.

ANTONI ALBERT  (Twitter: @carlesdijous)

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