Hacía tiempo que no me metía con la alcaldesa de Madrid; no por falta de ganas porque se la tengo jurada, pero es que me pone la ocasión en bandeja: la fiesta, o como quieran llamarle al innecesario evento del orgullo gay.

Vamos por partes, comprendo que las discriminaciones son odiosas. Y es cierto que durante muchos años los homosexuales y las lesbianas, aunque menos porque ocultar el lesbianismo era mucho más sencillo (por ejemplo, podían viajar juntas y alojarse en la misma habitación en los hoteles sin que nadie levantase una ceja) no sólo se les discriminó, sino que fueron incluso perseguidos, encarcelados, torturados y asesinados en todas partes del mundo y que en algunas así sigue sucediendo (como también ocurre con otras minorías)  Absolutamente lamentable. De ahí a organizar una semana de festejos (como el día de la madre o del padre o del abuelo, el cuñado, o la mascota, etc. según se les ocurra a los grandes almacenes) para celebrar la otredad, me parece surrealista y discriminatorio ¿Por qué no un día o, ya puestos, una semana, una quincena, un mes para que se echen a la calle los y las heterosexuales para celebrar su condición de tales? Digo yo que también tendrán derecho ¿o no? Y si no ¿por qué?

Y vamos a otro apartado y no el menos importante ¿Cuánto nos va a costar este carnaval? De momento, a este genio de alcaldesa, que tiene un cerebro privilegiado para sacarse de la manga las más absurdas propuestas municipales, se le ha ocurrido una idea para la que no tengo adjetivos para epitetarla: cambiar los semáforos actuales por otros “gay friendly” (políglota que es la señora) y que ya han supuesto un desembolso de 21 000€, además de los 250.000€ destinados a las diversas actividades previstas entre las que sobresale la proyección de un documental, en CENTROS CULTURALES, con escenas de sexo y sadomasoquismo duro en el que las mujeres están sujetas a todo tipo de vejaciones ¿Cómo lo ven? Educativo ¿no?

Yo, francamente, no entiendo nada. ¿Es que no hay otras necesidades más perentorias en la capital de España para que la Sra. Carmena despilfarre los dineros en semejantes despropósitos? Empezamos con el cambio de los nombres de las calles, algo tan “necesario” para la buena marcha de la ciudad que no entendemos como no se le ocurrió antes a nadie. Y continuamos con lo que nos echen.

Y mi pregunta es la de siempre, si me leen alguna vez saben que soy muy, pero que muy mal pensada ¿quién se beneficia con todos estos cambios; a qué bolsillo van a parar las comisiones de las empresas agraciadas con los encargos? Igual, no es así, pero en este país donde lo que se practica con mucho entusiasmo, descaro y sin ningún pudor, es la corrupción a todos los niveles, sería sorprendente que así no fuera.

Y, aunque no venga al caso, con todo lo que el Ayuntamiento tira por la ventana en gastos superfluos ¿no habrá presupuesto para un asesor de imagen que le explicara a la alcaldesa que lo es de Madrid y no de una aldea como Manganeses de la Lampreana y acudiera a los actos oficiales con el atuendo adecuado y no como si fuera a trabajar como asistenta?

Y lo siento, pero el numerito de la rebequita es “demasie”.

 

Nuria Valldaura Micó

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