La verdad es que desconocemos si existen estudios económicos sobre la cuestión que encabeza este artículo. Y la verdad es que visto el empuje verbal de estos últimos días, incluido el del Guardiola de Manchester, en ningún momento se explicita el impacto económico que tendrá si se llega a la, deseada por algunos, independencia.

No hace falta ser un ciego seguidor de Marx, sino un simple ciudadano del siglo XXI con conocimientos medios, para intentar tener claro —cuando se presenta algún tipo de negocio, ya sea la creación de una start-up; participar en un grupo de business angel o poner algún capital ahorrado en acciones de bolsa—, intentar tener claro sobre las consecuencias económicas de nuestras decisiones. En todo caso, a corto y medio plazo.

Por aquí y en cuanto a Cataluña, este estudio —sobre la repercusión económica en los bolsillos de los ciudadanos del Principado— no existe o —peor todavía— si existe está escondido bajo siete llaves. Es inconcebible que en una época donde los estudios económicos, las reflexiones reposadas y profundas sobre las tendencias en economía y política, están en boga, esta documentación de la que hablamos no exista o no se haya puesto sobre la mesa.

Lo hemos consultado al sr. Google —señor con el que tratamos a menudo y ya le tenemos captado el sistema para una búsqueda profunda— y su respuesta, salvo algunas referencias a artículos de revistas y periódicos, ha sido siempre la misma: Connais-pas! Traduzcamos esto: ¡Ni idea!

Uno podría aceptar que ni el actual Presidente ni el consejero de economía tienen estudios profundos de economía. Aceptamos —simple acto de fe— que tienen nociones de llevar la economía de casa. Pero es que la cosa tiene una gran envergadura. Una decisión como la que mencionamos puede hundir el barco catalán con un simple “yo suponía que …”, de costosas consecuencias. Y los informes económicos… ¡Ausentes!

Y hablamos de consecuencias económicas. Cataluña se dedica a fabricar y vender (además de recibir turistas). Aquí radica el negocio básico del Principado. Ahora bien: ¿A qué países vende? La respuesta es de cajón: al resto de España (o del Estado, si se desea leerlo así) y a la Unión Europea. Si hay ruptura constitucional —esto es insubordinación; abandono de lo que marca la constitución de 1978— y se entra en un conflicto con el Estado, difícilmente las compras por parte de los ciudadanos españoles serán de la misma envergadura a corto y medio plazo dada una actuación —la catalana— que será vista como muestra de insolidaridad (por decirlo en pocas palabras).

En cuanto al otro comprador de productos catalanes —la Unión Europea— también será difícil, si no imposible, mantener el statu quo actual. Dejando de lado las emociones más internas que se puedan sentir, ¿alguien cree que la Unión Europea aceptará con los brazos abiertos a una “región” como nuevo estado independiente, lo que conllevaría “crear precedentes” y abrir la puerta, de hecho, a que otras “regiones”, ya fuesen de Francia, Alemania o Italia, se declarasen también de forma unilateral independientes del Estado del que forman parte? Ni el más precario sentido común puede creer que la Unión Europea fomentará un boquete para que se hunda el edificio que ha costado tantos años levantar. El ejemplo obvio es la actitud férrea de la UE con el caso de Gran Bretaña, a la que no piensa regalar nada (ya que de nuevo sería “crear precedente ” de difícil control).

Sí que el señor Junqueras tiene un doctorado en Historia económica, pero lo que parece es que no recuerde lo que le pasó a Venecia cuando perdió los mercados que tenía en la costa griega y cerca de la actual Turquía. La Venecia actual es una caricatura del esplendor económico de la que existía en los inicios del siglo XV. La historia debería servir también para ilustrar y aleccionar que jugar con fuego puede provocar fuertes quemaduras.

Cierto es que el gobierno español años atrás publicó algún informe desfavorable, económicamente hablando, sobre la independencia catalana. Pero, podemos entender que estos estudios —por ejemplo, uno de 14 páginas; y somos magnánimos con el término “estudio”— pueden no ser objetivos.

¿Dónde están los estudios de las grandes consultoras pedidos por la Generalitat de Catalunya? ¿Dónde están los resúmenes de estos estudios? ¿Qué dicen consultoras como KPMG, Ernst & Young, PwC y Deloitte —las Big Four— sobre la independencia catalana?

¿Es que la ciudadanía —como los niños pequeños en la víspera de Reyes— no necesita más que la palabra mesiánica del presidente de turno para creerse todo lo que este le dice? Malo si a nivel económico en casa también vamos con este mismo talante: Creer en lo que nos gusta creer.

ANTONI ALBERT (a.k.a @carlesdijous)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s