Los departamentos de recursos humanos están severamente preocupados por el gap que existe en los políticos que pueden algún día llegar a ser alternativa. La preocupación estriba en lo que hoy se presenta como izquierda, ya que se duda que esta posea una formación profesional digna y adecuada para el siglo XXI, un siglo que cabalga a hombros de la automatización, la inteligencia artificial (AI), los grandes datos (big data), las transformaciones de la nanotecnología, y los grandes cambios en comunicaciones y transportes (desde el coche sin conductor a los bólidos supersónicos que está preparando Elon Musk). Esto es, el siglo del mundo de la cuarta revolución industrial.

Están, apuntamos, seriamente preocupados porque el perfil de los actuales dirigentes alternativos de izquierda no encaja en el presente panorama económico-tecnológico. Más bien tienen, y mantienen, un enfoque que si no está anclado a finales del siglo XIX, con una gran impronta de Karl Marx, que en su momento pudo ser relevante, no alcanza su enfoque y proyectos, ni de lejos, horizontes posteriores a 1980.

Ahí reside el gran problema con que se encuentran los equipos de recursos humanos para conseguir unos profesionales políticos que la gran empresa, que es este país, precisa con urgencia. Se necesitan equipos políticos, de todos los colores si se quiere, que, bien preparados y actualizados, puedan y sepan plantear alternativas interesantes, viables y centradas en dos puntos clave: crecimiento y productividad. Es decir, que ofrezcan alternativas que superen las deudas y huyan de aumentarlas; que abran nuevos caminos productivos; que animen, estimulen, el esfuerzo y la preparación profesional —el talent capital— de la población activa o productiva y que aprovechen los recursos humanos que se tienen, a la vez que fomenten la natalidad, sobretodo porque este país está convirtiéndose en un país de viejos. Los recursos humanos están abiertos a ideas pero continúan seriamente preocupados. ¿Qué pasa con la izquierda? ¿Qué ocurre con los dirigentes de izquierda que no parecen ser ciudadanos del siglo XXI?

Si no existen esos puntos determinantes, crecimiento y productividad, la empresa que es España quebrará inexorablemente, por más rezos y velas que se pongan al santoral de Marx, Lenin o Mao. Hablando de Mao, desconocemos si estos políticos que se definen de izquierdas, saben realmente lo que ha pasado y está pasando en China, la China comunista; la, durante años tenida como modelo, República Popular China. La China actual, con un empuje de alta velocidad, está caminando por una senda —habría que tomar nota de ello y, emociones a banda, saber verlo sin maquillaje— que recuerda la política del franquismo de nuestros pecados: Una simbiosis entre autoritarismo, dictadura en otros términos, y política económica (o planes de desarrollo o quinquenales) basada en la industrialización del país, con un importante aporte en el terreno de la formación.
China and AI

Lo que ha ocurrido en las últimas décadas en China y lo que se está fraguando —estamos examinando el campo económico; dejando de lado el aspecto dictatorial, corrupto y clientelar para las familias del régimen “comunista”—, es toda una lección de filosofía de la ciencia popperiana. Karl Popper, uno de los más importantes filósofos de la ciencia, fue el que puso sobre la mesa uno de los puntales fundamentales del método científico — el de la falsación o falsacionismo. Nunca, en el terreno de las ciencias empíricas, las basadas en la experiencia, como la medicina, por ejemplo, se pueden llegar a verdades absolutas. Pero sí que se pueden comprobar falsedades. Esto es, descubrir aquello que no funciona y por lo tanto descartarlo; en lenguaje del maestro austríaco, falsarlo; comprobar que es falsa aquella apreciación que se tenía sobre una teoría o hipótesis. Y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, y de un modo mucho más claro la República Popular China, comunista de palabra, han puesto en solfa que el comunismo no es aplicable. El comunismo no funciona. No sirve para el crecimiento económico ni, por tanto, para la mejora económica de la población.
Huawei_01
¿Cómo? ¿El comunismo no funciona? La Rusia soviética dejó de llamarse socialista en diciembre del año 1991 y los republicanos de China están desde hace décadas, vía Hong Kong y Singapur, entrando en estrecha relación económica —con petición de inversiones en el propio país, obteniendo la cooperación e instalación en China de empresas del mundo capitalista— con los magnates más “peligrosos del capitalismo global”, que dirían nuestros dirigentes de la izquierda poco informada. Y nuestros candidatos a gobernantes, por el lado de la izquierda, aún se presentan como socialistas y/o comunistas sin haberse dado cuenta de que eso ha caducado. Que hay que ofrecer alternativas económicas, pero orientadas a producir mejor, crecer económicamente vendiendo más en el extranjero, y no centradas simplemente en recolectar —vía modelo de los bandoleros de Serrallonga— dinero de los que se han esforzado, cubriendo este ultraje con dar algunas migajas a las capas populares (y quedándose, cierto volumen, en los propios bolsillos). En suma, una política de “socializar” la riqueza de los otros, casi equivalente a socializar las notas de los alumnos del aula del colegio. Hay que ser todos iguales, que dicen sus eslóganes. Eso ya lo había captado Eurípides (484-406 a.C.) en la antigua Grecia…
text Eurípides
Sin embargo, si se informasen bien estos políticos que se consideran herederos de los países que irrumpieron por la senda del marxismo, se darían cuenta que los chinos lo han puesto sobre blanco: el sistema “socialista” no funciona. Por el contrario, lo que sí se ha demostrado es que, con alta preparación (mucha de ella de jóvenes chinos en universidades de países capitalistas) y esfuerzo el país ha mejorado. ¿Cómo? A partir de darse cuenta que, a través de alianzas con empresas capitalistas, con intercambios económicos con países ajenos a su ideario, con inversiones en industrialización de todo tipo —y en especial en nuevas tecnologías, robótica y automatización—, se puede crecer y mejorar el nivel de vida de la población.
China Global Competitiveness

En definitiva: hay que esforzarse, hay que prepararse para los inmediatos años laborales, que serán muy exigentes por lo que a una alta preparación profesional se refiere. Esa es la lección de China, de la nominalmente comunista china, la del capitalismo rojo. Los equipos de recursos humanos no dudan en hacer recomendaciones a los dirigentes de izquierdas, clamando sin cesar: ¡Señores de izquierdas, please, lean! ¡Fórmense! ¡Sean chinos!
ANTONI ALBERT  (a.k.a @carlesdijous)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s